Recorriendo con pasos pequeños y silenciosos, lugares donde nadie nunca les coloco nombres, buscando encontrar donde deje lo que hacía parte de mí, curioseado bajo los pétalos caídos que lleva el viento trato de encontrar colores que me hagan recordar lo que alguna vez guarde con tanto desdén hasta ayer.
Donde podía tener charlas largas con la luna, apoyarme mi voz sobre el ventanal que cubre las estrellas y dejar plantados en el aire junto con respiros cada pequeño pensamiento que me ataba a este mundo.
Revolotear fuertemente se escuchan sus ronquidos al dormir , entre mis manos la cargo para que deje este suelo frio y pueda sentir el calor de estas manos que no la piensan soltar hoy , ni nunca y que oiga mi canción para que sepa que sigue con alguien hay bajo el brillo de cualquier pequeña luz.
Ahora se apaga cada fragmento que solía estar sostenido encima de nosotros, se sostiene el magnético silencio que puede llegar aturdir, mientras las pequeñas aves esconden su canto entre ramas y hojas, para dejarnos todo los días ese sonido que arrastra hasta sentir un escalofrió subiendo fuertemente sobre el cuello y que hace vibrar
tus labios, para pedir un poco de sueño y calma, ante tanta imaginación tan escandalizada.
No hay más que dejar caer los ojos sobre el regazo de tu propio cuerpo, dejar que el peso de cada respiro aplaste esas tristezas que arañan las ilusiones y no te recuerdan de quien eres, de cómo sonreías, pero el fin de cada cuento se pierde.
La escena en que parte para dejar terminar, que los pequeñas muecas que se forman entre las nubes , nos dejen de enviar mensajes para dormir
Aquí estoy oyendo el amanecer para saber cómo esconder tu corazón antes de que despierte nuevamente y te haga perder el sol que ya no vez.

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