Mientras despierto confuso, con sabor a saliva amarga en el labio que se queda más reseco, la pruebo inconscientemente, trató de limpiar el sudor que resbala sobre mi cuello , pero mis manos atadas a la espalda reaccionan para decirme que no estoy en condiciones de exigir que hacer con mi cuerpo , no puedo cambiar la rutina , donde esta historia empieza, donde el final no es un comienzo, si no la forma en que se cambia el destino a la peculiaridad de una respuesta que no es verdad, es el trastorno de aceptar la casualidad. . Es así como parto desde la misma tarde en que camino sobre la tradicional acera rasgada por lo vieja y los ruidos de los antiguos coches que antes irrespetaban su existencia, pero donde yo a veces trato de leer su marchita palidez que se resbala en su hormigón, me dicen cuantas veces he pasado, pero esta vez me dirían que pagaría la deuda con la vida , pues retaría a mi antiguo yo que vivía sobre la ilusión de enmarañarse entre el pecado y la locura , para descubrir que no todo se esconde en mi mente si no en mis ojos , pues de hay es donde me atraen las tentaciones donde mis sentidos inertes ante las dosis de adrenalina expuestas sobre una mesa enseñan de como y con cuantos poderes quieres conquistar el mundo hoy.
Me entrego al desenfoque
donde las ultimas llamadas son a mi voz interior despidiéndose de la razón,
entregándose al olvido y zafándose para estar desinhibido , la música encierra
cualquier forma de comunicación donde
solo el cuerpo y los demás me arrastran a bailar con señas para entender que
las imágenes no se respetan , solo seguir los movimientos marcan el sentido del
momento.
Escapo de los engaños que
marginan la felicidad, pues todos tratan de enseñar que la traición con
palabras entonadas con aliento a licor son el mismo sabor de un beso tierno y
honesto, sobre el regazo de la calle con menos luz me siento para ver el polvo
levantarse ante la luz de las escasas lámparas que habitan ahí , pero no puedo
dejar de sentir las lagrimas de alguien a mi espalda , es una pequeña que me
siguió preguntándome el nombre y si quería escuchar sus problemas , si quería
desconocer el poder de unas palabras y de simplemente sentirse acompañada pues
había sido abandonada entre celos y belleza, por su vida perfecta y claustra de
cursilerías rosa.

Comentarios
Publicar un comentario