Vuelvo y pa que me odien más:
Cuando
aparece la tristeza, desborda tu mente, no te deja ni hablar, solo indica que
estas siendo consumida como el significado de esta palabra, esa palabra
que se despidió, esa palabra que no convoco un adiós solo que termino una
certera verdad, conjugó un trastorno que a veces trascienden y deja cicatrices
muy sobresalientes en la punta de nuestras lenguas, hechos que no dejan dormir,
recuerdos que vuelven y revuelcan ,
cambias simplemente una percepción a la de una pesadilla con vacíos oscuros,
silencios incómodos y luces bordeando tu rostro, tratando de reconocer si has
estado en ese sitio las dos veces pasadas, pero sabes que debes esconderte para
no revelar tus preocupaciones pues por igual no quieres escuchar los dichos
inocentes de siluetas amarradas al protocolo verbal de la lastima
intrapersonal.
Seduces
al momento por que secas las risas con palabras ya conocidas, resistes los
sonidos opacándolos con sátiras ambiguas, afirmando con certeza que la
felicidad efímera es, y suspiras entre cada frase pues destruida fue su
fidelidad ante dinámicos sucesos que revolotearon, para dejar en el olvido por
lo único que lucho y lo confundió por la banalidad del lugar donde esta,
dejarse llevas de texturas, colores y los mismos sonidos que hoy la traen
devuelta allí, busca con sus ojos una respuesta que es lo que hace respetar
estar afuera, buscando emociones que sabe nunca le hicieron falta, quizás fue
el cansancio conjunto al olvido que hacían que durmiera más profundo de lo
normal, pues siempre dijo no extrañar, solo disfrutar de la casualidad del
momento hallado como recuerdo impropio a la razón y no al corazón.
Susurro
que se escapaba del mundo al tomar mi mano la primera vez, pero no repitió nada
al soltarla, solo se dejo caer en el suelo a escribir sus hechos, narraba como
soportaba al mundo, uno de sus hechos era
imaginándolo una y otra vez hasta que sucede, es el peor desastre sucedido para
la forma de actuar y de callar para el siguiente día, ya que adoraba anticipar sus
pasos para saber como odiar.
Un pequeño
ápice de confusión revueltos con pequeñas burbujas de esperanza que se le
atribuye a la franqueza de la cuestión de una
decisión inconclusa sobre la razón de un suceso, tu forma de ser, que se niega
con la cabeza pero se dice con los ojos, solo deja marcas en mi y simplemente
me dice hacia donde no correr, y como hacerlo.

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