Regresando esto dejo:
Donde cada movimiento que abanicábamos con las
manos era para sujetarnos más fuerte sentir al otro pensar en no parar, sentir
ese verdadero vacío detrás del cuello, se siente derramarse los colores del alrededor
,para cada ruido se congela se interseca con los estruendos que hacen las hojas
al caer, pues nos abrazan para acabar la noche.
Soplo tan fuerte como mi aliento
me lo permita, para acercar las nubes a las estrellas para que no brillen
solas, para que no dejen vacíos en el cielo, para que puedas bailar más con las
sombras que se esconden detrás de los árboles y buscar entre lo que no
necesitamos nuevos recuerdos para disfrazarnos y ser ese tipo de personajes que
inventábamos de niños para ser felices y
poco sagaces, no sobre salir sobre la superficialidad, solo soñando con salvar
unas cuantas vidas , como abrazar a los árboles más grandes para que sintieran
que estaba allí escuchándolos y correr sobre pastizales para atrapar cada uno
de las luces que brotaban del suelo, que se escondían, palpitando con centellas
mensajes que nadie entendía .
Solo en esos momentos perdíamos
el sentido a esos minutos que exigían estar dormidos, saltábamos tan alto para
ver si podíamos abanicar el vuelo de las aves , desbalancearlas para que cabriolearan
con las luces del aire que estallaban
con las texturas y la claridad de la oscuridad amargándose porque hallaba las voces
amigables para su ausencia.
Entre espacios donde solo soltábamos
secretos y mirábamos al suelo para descansar nos quitábamos besos que nos
sobraban, besos que no tenían dueño, que siempre quisieron tener su nombre pero
ahora tienen la compañía para ayudarlos a cantar, buscando tener el sabor
perfecto.

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