Y esto es para Julio ...dejemos una razón:
Como si el olvido fuera parte de un ciclo lineal
de tiempo que solo deja de rotar cuándo explico la realidad de lo que no viviré,
expandiéndose al hecho del mimetismo, dividiendo una luna en dos, para no tener
que dar la mitad que te prometí ese día, pero si la intensión fue más que una
mirada y la situación tuvo un nombre para verte sonreír, luego todo dejo manchas aisladas de sabores en
nuestra memoria, lugares que nunca supimos cómo llegamos pero estábamos allí,
admirando como se perdía nuestra percepción del sufrimiento y en el alrededor crecían
los colores envolviéndonos para escapar de la vista, para huir de esas voces
que nos llamaban.
Pintando cada una de esas pesadillas de matices,
dejando saber entre el cosquilleo de nuestras manos abrazándose, salía una armónica
sensación de caricias que estrechaban nuestros besos, dejaban ese aire de estar
despiertos al oír perderse en cada respiración y sobriamente sin sueño seguir
durmiendo sobre tus deseos.
Cada susurro ahogado, encontrando la fascinación de un sonido en el silencio más profundo,
cuando se perdía toda la oscuridad al cerrar los ojos, aislando ese espacio incrustado
sobre exhalaciones que rayan con el cielo, guiándonos sobre el suelo más
blando, la saturación de color más fascinante y el dolor sin sentido más
desconcertante.
Un lugar donde las montañas se desvanecen con el fondo del firmamento y las casas flotan como estrellas formando nuevas constelaciones, tratando de unirse a un baile que despedazan la rotación normal de la tierra, que deja derrumbar troncos uno sobre otro para depositar melodías que dividan la media noche y el medio día, que sea una lluvia de escarcha la que haga que los abrazos sean más cerrados, que se sellen dentro de horas, dejen simplemente marcas que se borren en un par de días.
Un lugar donde las montañas se desvanecen con el fondo del firmamento y las casas flotan como estrellas formando nuevas constelaciones, tratando de unirse a un baile que despedazan la rotación normal de la tierra, que deja derrumbar troncos uno sobre otro para depositar melodías que dividan la media noche y el medio día, que sea una lluvia de escarcha la que haga que los abrazos sean más cerrados, que se sellen dentro de horas, dejen simplemente marcas que se borren en un par de días.
Repetir un pasado que
reviva estar en cada suelo frió estirado, sintiendo el sereno entrar por debajo
de la puerta mientras las luces se apagan, el brillo de cada muro deja de
mostrarse para disolverse entre las sensaciones que siempre se abandonan al
esperar siempre que todo vuelva a cambiar y que el rojo de tus nirvanas latan
sobre tus labios y se sumerjan dentro de una pasión que tenga nombre.

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