Esto es lo de Agosto:
Escribiendo rápidamente sobre un trozo de
pared, huyendo de unos pensamientos sueltos que me enlazaron a un sentimiento
que creía muerto pero sigue allí moviéndose desde que sienta su voz respirando
sobre mi cuello, hablándome de lo lento que es el día y de la oscuridad que
cubre las montañas detrás de su inmensidad, si queremos darle un nombre a la
soledad, la deleito con la curiosidad de que busque como amargar mis noches
acompañado con esos luceros que intentan desorbitar la vista y causar menos
daño que unas cuantas palabras de su boca musitando recuerdos que ella misma
cambia a conveniencia para quedar como víctima y así yo poder extrañarla más.
Quizás sea mejor soñar con tontos besos que con
odios reales, o lo mejor es desafiar a un dialogo intenso donde solo deje
historias inconclusas y porqués innecesarios, que solo busque unirnos más desde
nuestras mentes pero que nuestras manos solo se intimiden de juguetear la una
con la otra buscando ese calor que abarcaba desde el pensamiento más solitario hasta
la noche más estrellada.
Si quizás saliera de su vista un saludo, sería
el inició de una perturbadora perdición de olvido y engaño hacia sí mismo creyendo
que algo existirá, que mi nombre se repetirá de nuevo en un desdén cíclico de
perdición como lo hacía antes, preguntándome mis mañanas, pidiéndome noches más
eternas y suelos más fríos para abrazarnos más fuerte.
Un silencio abismal entra en la habitación, no
era ella, era su esencia solo despidiéndose desde afuera pidiendo algo de amor
que olvido. Develando un diminuto sentimiento de desamparó que siguió buscando
a través de caricias ajenas, sujetándose a las aberrantes sueños que forjaba en
sus frivolidad por no sentir la tristeza.
Esconderse bajo una indiferencia de
importancia, coincide con el atisbo de sorprenderse de que algo se sigue
sintiendo, que no se olvida, dejemos que los rostros vuelen y no tomen nombres,
solo dejen palabras que recorten las remontadas de tiempo que agitan la perpetuación.
Las luces amarillas de la calle ya no
enmarcaran nuestras largas historias hasta el punto de llegar a contar cuántos
son los pasos que median la distancia para decir adiós, para regresar a una rito
que era ocasionalmente afianzante entre la pasión y el amor sincero conjugado
en un olvido transitorio por situaciones que solo quieren amarrar una persona
al hecho de no ausentarse de su mente y no de proscribir en su corazón.
(Fuente imagen: In love and death... The Used)

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