Un grito que se expande entre hojas
resecas del suelo, caído sobre un mar de vejez, empieza a levantarse, mirando
un cielo que explota de estrellas y desvanecen los retazos de montañas que
estaban sobre el horizonte, esas que esconden susurros de la gente que las
camina, de la gente que ha visto secretos escritos en el marco grueso de la
corteza que se añeja con el soplar del viento.
Entre pasos cortos y largos empieza a
recordar un sueño donde crecen las praderas hasta el infinito, bordeando a un
sol que huye de la luz de la luna, huyendo para que su distancia sea cada vez
más eterna.
Se desconcierta de los trinos de las aves,
se quedaban resonando entre los rincones de las montañas para no sentir la
soledad al despertar, alguien buscaba su mirada entre pisadas tambaleantes,
tratando de amar su alma con sus bailes, con sus palabras.
Del frío oculto su sonrisa, pero ella
buscaba atar el vaho caliente con la neblina , sumergirlo en una ciudad blanca
de nubes para que desapareciera de las luces que lo buscaban, ella solo buscaba
que no de él la vida apreciará.
Se posó sobre su pecho para sentir lo
lento que respiraba, encontró un abrazo perdido entre la oscuridad, buscaban la
misma canción, encontraron la misma razón.
Truenos sonaban sobre sus cabezas y quizás era la mejor desventura para negarse el miedo a memorizar un nuevo rostro que buscaba labios que besar, para amarrase ante el caos de ignorar cualquier suspiro que dejaron escapar. Y así las hojas que aún flotaban formaban un puente para cruzar pasajes entre esas neblinas espesas que ocultaban reflejos del firmamento y flores despigmentadas.
Salvándose sobre los brazos del otro, marcan su viaje a las torres gris que se alzan entre el ruido, desconociéndose el uno del otro por familias que secuestran su voces, aislados de los hechos, respirando sobre una verdad.
Imagen extraída : http://puntoypunta.blogspot.com.co/
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