No puedo controlar el movimiento de las olas que intentan destruir las rocas, tampoco puedo decirle al viento que sople sobre el mismo rostro o a los truenos que siempre rompan el sonido, solo puedo amarrar mis manos a las tuyas, llevarte donde las nubes remarquen el cielo más pecoso, tan saturado de copos de aire que no nos deje ver los atardeceres y despierte a las estrellas sobre reflejos de un océano que las quieren imitar, haciendo un duplicado perfecto, para caminar entre estas y adivinar en que constelación se perdería cada pesadilla. Susurros son lo que cantan las hojas al caer sobre el agua, crujen, se sujetan a esa parte de la tierra que no quiere ser tocada por el sol, este sitio que armamos para que fuese un lugar lleno de recuerdos y remordimientos propios para cada edad. Una soledad que nos invitaba a bailar entre horas que no existían, canciones que se mezclaban sobre un paisaje que lleva a la brisa a levantarse desde abajo del suelo, acompañarse de la humedad...
Pensamientos, fotografías y composiciones de percepciones periféricas de una vida atada a la imagen de la realidad y sus colores.